Picotazos. ¿Por qué ocurren?

El picotazo es el resultado de una falta de comunicación. Mientras otras psitácidas son más vocales o al tener el iris claro podemos ver mediante él si esta excitado, nervioso o relajado, los agapornis tienen un alto nivel de comunicación visual. Son animales muy observadores y han llevado esa faceta a la forma de expresarse, con lo que para saber si esta enfadado, alegre y todos los estados anímicos con verlo ya deberíamos de saberlo y por tanto, el picotazo si lo obtenemos es por nuestra mala cabeza. Así que la primera tarea que deberíamos tener es aprender el lenguaje corporal de nuestro animal.

Destaco el de tu ejemplar y no englobo todo pues he visto que depende de especies e incluso dentro de esta grupos, utilizan diferentes conductas. Por ejemplo los Agapornis personata veo que tienden a realizar juegos con el pico (como si mascaran chicle y haciendo que chirrie el pico) y sacudidas de cabeza, además de coger una postura como de embestir. Mientras que los Agapornis roseicollis van a ser más explícitos: pico abierto y su amenaza estrella es levantar las plumas de la espalda.

Si todas estas señales las pasamos por alto y aún avisados seguimos queriendo acariciar o interactuar con el animal, es normal que termine usando el último recurso que le queda: picar. Siendo un conducta peligrosa porque al final sin querer transmitimos que si quiere estar tranquilo y no ser molestado, tiene que hacer eso o no paramos.
Hera amenazando
Y aquí enlazo con la siguiente cuestión: el respeto. Debemos entender que al igual que nosotros hay ratos que no queremos ser molestados e ir a nuestro aire, ellos también tienen la misma necesidad. Que a ti te apetezca achucharlo no significa que el animal deba dejarse o quiera en ese momento ser recibo de muestras de cariño. Hay que ser lo suficientemente maduro para entenderlo y respetárselo. Además que el interactuar con un loro no debería ser simplemente este tipo de relación.

Así que una vez aprendas el lenguaje corporal de tu ave, ten presente de no agobiarlo, ni ir detrás de él todo el rato y saber que si no quiere ser tocado en ese momento, acatar su decisión.
Jero y Hera
Continuando con el tema de conducta, por último estan los picotazos de juegos. Al igual que ocurren con muchos mamíferos que sus juegos de cachorros están ideados para desarrollar habilidades que posteriormente utilizarán como la caza, en los agapornis he visto que esta conducta es muy habitual también entre ellos y uno de los juegos de comunidad que tienen son las peleas, en concreto el choque de picos.

Aunque pueden parecer una pelea fea, lo cierto es que realizan ciertos movimientos de disfrute y no se mueven ni van hacia las patas (zona que suelen ir los picotazos de mala leche), simplemente les apetece jugar un poco a lo bruto. Pues bien, ejemplares criados a mano y que consideran un igual al ser humano, es normal que transpasen este comportamiento con nosotros.
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Este hecho lo podéis ver mucho en todo vídeo que sale Hera, que disfruta desafiándome. No va a mala fe e incluso con el tiempo ha ido aprendiendo a que ciertos movimientos sería mi réplica, además ha aprendido a controlar la intensidad para no hacerme daño. Es una hembra que le encanta este tipo de interacción y nuestros juegos son así de brutos. Como no tengo un pico duro ni un plumaje que me defienda de los golpes, a veces puedo salir con alguna herida. Pero no es intencionado y como digo, son picotazos que no se pueden evitar y simplemente la fórmula es conseguir como con ella, un código para que no acabe mal el asunto.
Hera jugando
Esta es la base del tema y creo que es el problema de la mayoria de los casos. También en revoluciones hormonales (celos sexuales más exactamente) tienden a estar algo más nerviosos e irritados, siendo los picotazos verdaderamente peligrosos, ya que pueden tirarse estilo kamikaze sin contemplaciones. Mi recomendación en esos momentos es intentar evitar situaciones peligrosas: dejarlos más a su aire y el contacto físico de caricias y demás sobeteos, anularlos totalmente para no excitarlos más de la cuenta.

Y ahora si, doy por concluida esta cuestión. Simplemente recordar que la clave del asunto es conocer a tu animal, observarlo bien e intentar analizar las situaciones, incluso un ejercicio bueno es ponerte en su lugar y pensar las situaciones como si te ocurrieran a ti.

Publicado originalmente en Hedowichi Rulomaki

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